martes, 2 de febrero de 2010

ARMAGEDON, LA GRAN GUERRA Y LA EDAD FUTURA - en you tube -

CAPITULO IX


ARMAGEDON, LA GRAN GUERRA Y LA EDAD FUTURA

en you tube, desde aquí
https://www.youtube.com/watch?v=lhnVkyfRebo&feature=youtu.be

El diagrama intercalado en el capítulo V demuestra que hubo un tiempo en que la humanidad vivía dichosa y feliz bajo la guía de un caudillo que desempeñaba el doble oficio de rey y sacerdote y era a la par el Jefe temporal y espiritual de la bisexual o hermafrodita raza humana. A este caudillo se le llama Melquisedec en la terminología bíblica y dice que era rey de Salem, palabra que significa paz. Desde aquella época, la humanidad ha quedado separada en sexos, masculino y femenino, puesta bajo el
gobierno de un rey que tenía dominio sobre sus intereses temporales y procuraba hacerla adelantar por medio de la industria y la política, de un pontífice, cabeza de sacerdocio, que ejercía la autoridad espiritual del modo que consideraba mejor conducente a la salvación eterna de las almas.
La política empleada por los hijos de Caín mantiene el ideal masculino, personificado en Hiram Abiff, el Maestro artífice, el Hijo del Fuego, mientras que los hijos de Seth preconizaban el ideal femenino en la Virgen María, la Señora del Mar.
Así el fuego y el agua, lo masculino y lo femenino, y el Estado y la Iglesia, estaban en recíproca enemistad, con el inevitable resultado de la guerra encendida desde el punto y
hora de la separación que engendró el pecado, la tristeza y la muerte, por lo que la humanidad ruega en súplica del día de la redención, cuando las dos corrientes confluyan
en el reino de los cielos donde no habrá bodas ni se darán en matrimonio, y en donde para bien de todos reinará Cristo, El Rey de Paz, ejerciendo el dual oficio de rey y sacerdote según el orden de Melquisedec.
Pero este nuevo régimen no puede establecerse en un solo día. Requiere siglos de preparación no sólo de la tierra, sino de las gentes que han de habitarla. Y a fin de tener idea de lo que nuestra tierra será y como estarán constituidos sus moradores, conviene considerar la evolucionante carrera seguida por la humanidad y por la tierra en que vivimos, pues así conjeturaremos lo que nos reserva el porvenir.
Las enseñanzas bíblicas y herméticas coinciden con la ciencia en afirmar que hubo un tiempo en que las tinieblas planeaban sobre el abismo del espacio, donde se estaba acumulando la materia del futuro planeta terrestre y la iban poniendo en movimiento las Jerarquías divinas. A esta etapa siguió un período de luminosidad, cuando la densa capa de materia se convirtió en ígnea neblina; y después el frío del espacio y el calor del planeta en formación engendraron una atmósfera de vapor inmediata al incandescente globo. Por primera vez apareció el hombre sobre las islas de corteza en el mar de fuego, con cuerpos físicos muy diferentes de los que ahora poseemos. Durante la siguiente etapa, la costra de la tierra adquirió la necesaria consistencia para cubrir el ígneo núcleo, y la humanidad vivió entonces en las cuencas de la tierra, en el país de neblina, la cual era tan densa que la respiración se efectuaba por medio de branquias como la de los peces y que todavía se ven en el embrión humano.
Cuando empezaron a condensarse las nieblas de la Atlántida, en algunos de nuestros antepasados apuntaron pulmones embrionarios y se establecieron en las tierras altas años antes que sus compañeros. Por lo tanto, hubieron de peregrinar por el desierto mientras la prometida tierra, tal como hoy la conocemos, surgía de la tenue niebla, al propio
tiempo que el desarrollo de sus pulmones les permitía vivir en condiciones atmosféricas como las actuales. Dos nuevas razas aparecieron en los valles de la tierra una vez desaparecida la delantera, y entonces una continua serie de diluvios las empujó hacia las montañas. Ocurrió el último diluvio al entrar el Sol por precesión de los equinoccios en el ácueo signo de Cáncer, hace diez mil años, según a Platón le dijeron los sacerdotes egipcios. Así vemos que no hay repentino cambio de constitución o de ambiente para la raza humana al entrar en una nueva edad, sino una variación de condiciones que permite a la mayoría de la humanidad acomodarse a las nuevas, aunque el cambio pueda
parecerle repentino al individuo que se preparó inconscientemente.
La metamorfosis del renacuajo en rana, puede compararse al transito de la humanidad del continente de la Atlántida a la irisada edad Ariana y la metamorfosis de la oruga que se arrastra por la tierra, en la mariposa que hiende los aires, en un símil del futuro paso de nuestro presente estado y condición a los de la Nueva Galilea, donde quedará establecido el reino de Cristo. Y podemos inferir lo que ha de ser el cambio en la constitución y ambiente de la humanidad, examinando sus pasadas condiciones, tal como las traza la Biblia, que en muchos puntos concuerda con las tradiciones ocultas. El nuevo cielo y la nueva tierra están ahora en formación. Cuando el indicador del tiempo celeste, el Sol, entró en Aries por precesión de los equinoccios, comenzó un nuevo ciclo, y Cristo predicó la buena nueva.
Implícitamente manifestó que todavía no estaban preparados el nuevo cielo y la tierra, cuando les dijo a sus discípulos: “Donde yo voy no podéis venir vosotros ahora, pero os aparejare lugar y vendré otra vez y os tomare conmigo para que donde yo esté estéis también vosotros”.
Posteriormente vio el apóstol Juan en visión la nueva Jerusalén que descendía del cielo, y Pablo escribió a los tesalonicenses diciéndoles por palabras del Señor que quienes vivan en Cristo cuando venga por segunda vez, serán arrebatados en las nubes para recibir al Señor en el aire y estarán siempre con él. Esto concuerda con las tendencias mostradas por la pasada evolución. Los Lemurianos vivían muy cerca del ígneo corazón de la tierra. Los Atlantes habitaron en valles bastante alejados del centro. Los Arios fueron empujados por los diluvios a las mesetas donde todavía viven. Análogamente los hombres de la nueva edad habitarán en el aire. Pero como sabemos que nuestros densos cuerpos físicos gravitan hacia el centro de la tierra, ha de ocurrir necesariamente una transformación.
También Pablo nos enseña que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de los cielos. Pero por otra parte dice que tenemos un Soma psuchicon ( mal traducido por cuerpo natural) o sea un cuerpo espiritual, constituido por éter y, en consecuencia, más
ligero que el aire y capaz de levitación. Este cuerpo es el áureo traje de bodas, la piedra filosofal o piedra viva que algunas filosofías antiguas llaman diamante del alma, porque es luminoso y refulgente y centellante como inestimable joya. Los alquimistas medievales le designaron con el nombre de cuerpo astral por la capacidad que confiere al que lo posee, de atravesar las regiones estelares. Pero no lo hemos de confundir con el cuerpo de deseos al que algunos modernos seudo-ocultistas llaman también cuerpo astral. El cuerpo espiritual es un vehículo que con el tiempo poseerá desenvuelto toda la humanidad; pero durante el tránsito de la edad aria a las etéreas condiciones de la Nueva Galilea, habrá precursores que precedan a sus hermanos, como hicieron los primitivos semitas en el cambio de Atlantis a Ariana. Cristo aludió a estos precursores en el versículo 12 del capítulo XI del evangelio de San Mateo, cuando dijo: “El reino de los cielos se conquista por violencia y los valientes lo arrebatan”.Pero esta traducción no es fiel, pues ha de decir: “Han invadido(1) el reino de los cielos y se han adueñado de él los invasores”. Hay quienes por virtud de una santa y pura vida son capaces de desprenderse temporánea o definitivamente de su cuerpo de carne y sangre para andar alípedamente por los aires y ocuparse en los menesteres del Señor, ataviados con el etéreo traje nupcial de la nueva edad. Esta transformación puede lograrse por medio de una vida de oración y servicio, como la de los devotos cristianos, independientemente de la religión que profesen, con tal que sigan el sendero de los hijos de Seth. Otros lo han logrado practicando los particulares ejercicios que enseñan los rosacruces. Así es que ya está en marcha el proceso de unificación de ambas corrientes. Pero la lucha entre el espíritu y la carne ruge aún en el pecho de la mayoría de la gentes con tanta violencia como cuando Pablo desahogó sus comprimidos sentimientos, diciéndonos cómo la carne peleaba en su interior contra el espíritu, y cómo hacía lo malo que no quería hacer y omitía el bien que anhelaba realizar.
No cesará la lucha parar el místico masón hasta que aprenda a edificar el Templo construido sin manos y que no estará terminado hasta que llegue al grado dieciocho (1 con el 8), o sea, el grado de Rosacruz, el fundamento del grado 33, porque tres veces tres son nueve, y uno más ocho también son mueve.
El grado noveno es el superior de los misterios menores, y quien lo alcanza en la mística Orden es entonces y sólo entonces el genuino hijo de la viuda de Nain o Ninedispuesto a que la potente garra del león de Judá lo alce al reino de los cielos para oír la voz que le diga: “Bien hiciste, siervo bueno y fiel; entra en el gozo de tu Señor” porque “ al que venciere le haré columna del templo de Dios y no saldrá de allí”.
Entonces logra la inmortalidad y se libra de la rueda de muertes y nacimientos.
(1) En griego biaxetai.

del libro "La Masonería y el Catolicismo" y "Cartas Rosacruces", de Max Heindel
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