martes, 2 de febrero de 2010

LA MASONERÍA Y EL CATOLICISMO



LA MASONERÍA Y EL
CATOLICISMO
Por
Max Heindel

Exposición de las verdades cósmicas subyacentes en estas dos grandes instituciones,
determinadas por la investigación oculta.

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

Mt. ECCLESIA

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LUCIFER, EL ANGEL REBELDE


CAPITULO PRIMERO

LUCIFER, EL ÁNGEL REBELDE

La Confraternidad de los Rosacruces aspira a educar y construir, a
ser caritativa aun con aquellos que de ella difieren y nunca derramar la
ponzoña del vituperio, el rencor o la malignidad ni aun sobre quienes
parecen deliberadamente determinados a la perversión. Nosotros
reverenciamos a la religión católica, porque es esencialmente divina como
lo es la mística masonería, pues ambas tienen sus raíces en la remotísima
antigüedad, ambas nacieron para favorecer las aspiraciones de la militante
alma, y ambas tienen un mensaje y una misión que cumplir en el mundo,
aunque hoy día no se manifiesta ostensiblemente, porque las ceremonias
inventadas por los hombres encubren como una costra el meollo divino de
cada una de ellas.
El objeto de este libro es arrancar la costra y exponer la cósmica
finalidad de dichas dos poderosas instituciones que tan enconadamente
antagónicas se muestran una a la otra. Sin embargo, no intentamos
reconciliarlas, porque si bien ambas están destinadas a promover la
emancipación del alma alimentada por uno de los métodos serán muy
distintos de las cualidades del alma nutrida en una otra escuela. Por lo tanto,
la lucha ha de proseguir hasta que halla sido perdida o ganada la batalla por
la conquista de las almas de los hombres. Sin embargo, el resultado de la
batalla no significará la persistencia de la institución católica o de la
masónica, sino que determinará la índole de las enseñanzas que la
humanidad ha de recibir en los restantes períodos de evolución.
Trataremos de demostrar la raíz cósmica de ambas instituciones, la
finalidad de cada una de ellas y las enseñanzas que inaugurará la que resulte
vencedora, así como también indicaremos la índole de las cualidades del
alma según cada uno de los métodos. El autor no es masón, y así está en
libertad de publicar lo que sabe, sin temor a quebrantamiento de
obligaciones; pero es masón de corazón, y por lo tanto francamente
opuesto al catolicismo.
Pero nuestra oposición no es fanática ni desconoce los méritos de la
religión católica. Tanto los católicos como los masones son nuestros
hermanos. Nada diremos en menosprecio o irreverencia de la fe católica ni
de quienes la profesan, y si en algún pasaje hay algo que tal parezca, será
por inadvertencia.
Ha de tener muy en cuenta el lector que distinguimos rigurosamente
entre la jerarquía católica y la religión católica, aunque también los clérigos
son hermanos nuestros; pero ni física ni moralmente arrojaremos piedras
contra ellos, porque demasiado bien conocemos nuestros defectos para
atacar a los demás. Por lo tanto, nuestra oposición no es personal, sino
espiritual y esgrimiremos el arma del espíritu razonador. Creemos
firmemente que para el perdurable bien de la humanidad han de vencer los
masones y, por lo tanto, no sería acertado presentar el catolicismo desde un
punto de vista parcial y sectario, sino que los estudiantes para quienes se ha
escrito este libro puedan estar seguros de que seremos justos. Tenemos la
certeza de las verdades cósmicas que exponemos, pero como fuera posible
que se deslizase algún error en nuestras conclusiones, cada cual ha de
comprobar con su propia razón cuanto digamos, según el consejo:
“Escudriñadlo todo y escoged lo bueno”.
La gran ley de analogía es por doquiera la clave de todos los
misterios espirituales, y aunque el catolicismo y la masonería no comienzan
hasta que la humana evolución llega al período terrestre, tienen su prototipo
en períodos anteriores y, por lo tanto, examinaremos someramente los
hechos capitales.
En el período saturniano, la Tierra, en formación, estaba en tinieblas.
El Calor, primera manifestación del siempre invisible fuego, era entonces
el único elemento manifiesto. La embrionaria humanidad tenía aspecto
mineral, el único reino inferior en que evolucionaba la unidad, y los Señores
de la Mente, a la sazón humanos, estaban unánimes entre sí.
Las enseñanzas de la sabiduría occidental dan el nombre de El Padre
al supremo iniciado del período saturniano.
En el período solar se desenvolvió la raíz de un nuevo elemento, el
Aire, que se entrefundió con el invisible fuego manifestado como calor en
el período saturniano. Entonces el fuego brotó en llamas y el tenebroso
mundo se convierte en un ardiente globo de ígnea neblina por virtud de la
palabra de poder: Hágase la luz.
Conviene considerar detenidamente la relación entre fuego y llama.
El fuego está latente, dormido, invisible en todas las cosas y brota de ellas
por varios medios: por percusión del martillo en la piedra, por roce de
madera con madera, por combinación química, etc. Esto nos da un indicio
de la identidad y estado del Padre “a quien jamás vio hombre alguno”,
pero que está revelado en la “Luz del Mundo”, en el Hijo, el supremo
iniciado del período solar. Así como el invisible fuego se manifiesta en la
llama, así también la plenitud del Padre mora en el Hijo, y ambos son uno,
como uno es el fuego con la llama en que se manifiesta. Tal es fundamento
del verdadero culto al Sol o al Fuego, que trasciende todo símbolo físico y
adora a “Nuestro Padre que está en el cielo”. Los masones míticos de hoy
día mantienen tan firme como siempre esta fe en el fuego.
Así vemos que la unidad prevaleciente en el período saturniano prosigue en
el período solar. La ordinaria humanidad de aquel tiempo había ya
evolucionado hasta el esplendor de los arcángeles, y aunque unos estaban
más adelantados que otros, no había antagonismo entre ellos. La actual
humanidad había alcanzado entonces el estado vegetal, en un nivel poco
superior a la nueva oleada de vida surgida en el período solar, y también
aquí prevalecía la unidad.
En el período lunar, el contacto de la ígnea esfera con el frío espacio
engendró la humedad y comenzó con toda su fiereza la lucha de los
elementos. El ardiente globo de fuego procuraba evaporar la humedad,
empujándola hacia fuera para producir un vacío en donde mantener su
integridad sin que nada perturbara su violencia; pero como en la Naturaleza
no existe ni puede existir el vacío, sucedió que la corriente impelida hacia
fuera se condensó a cierta distancia del globo ígneo y fue de nuevo
empujada hacia adentro por el frío espacio, para ser después evaporada e
impelida otra vez hacia fuera en incesante vaivén durante siglos de siglos
como un rehilete entre las distintas Jerarquías espirituales constituyentes de
los diversos reinos de Vida, representados en la ígnea Esfera y el Espacio
cósmico, el cual es una expresión del homogéneo y absoluto Espíritu.
Los espíritus ígneos se esfuerzan vehementemente en obtener amplitud de
conciencia; pero lo Absoluto permanece siempre envuelto en la invisible
vestidura del espacio. En lo Absoluto están latentes todas las potencias y
posibilidades, y procura contrariar cualquier intento de consumir energía
latente como dinamismo exigido por la evolución de un sistema solar. El
agua es el agente que lo Absoluto emplea para apagar el fuego de los
activos espíritus. La zona comprendida entre el cálido centro del separado
Espíritu de la Esfera y el Punto en donde su individual atmósfera encuentra
el Espacio cósmico es un campo de batalla de evolucionantes espíritus en
diversas etapas de evolución.
Los que ahora son ángeles fueron hombres en el período lunar y el supremo
iniciado es el Espíritu Santo (Jehová).
Así como nuestra humanidad y los otros reinos de vida en la tierra están
diversamente afectados por los distintos elementos, de modo que unos
prefieren el calor, otros el frío, algunos medran en la humedad y otros
requieren sequedad, así también entre los ángeles del período lunar, unos
tenían afinidad por el agua, y otros la aborrecían y gustaban del fuego.
Los continuados ciclos de condensación y evaporación de la humedad que
circundaba la ígnea esfera, llegaron a producir incrustaciones, y Jehová se
propuso modelar esta “tierra roja” llamada Adám, en formas donde
aprisionar y apagar los espíritus del fuego. A este fin pronunció el creador
fiat y aparecieron los prototipos de los peces, aves y de todos los seres
vivientes, incluso la primitiva forma humana, todas las cuales fueron
creadas por Sus ángeles; y de este modo esperaba someter a Su voluntad
todo cuento vive y se mueve.
Contra este plan se revelaron una minoría de ángeles que tenían demasiada
afinidad con el fuego para soportar el contacto con el agua, y se negaron a
crear las formas según se les había ordenado; pero con ello se privaron al
propio tiempo de la oportunidad de evolucionar en determinado sentido y
llegaron a ser una anomalías en la Naturaleza, aparte de que por haber
repudiado la autoridad de Jehová debieron esforzarse por su propia cuenta
en lograr la salvación.
En los siguientes capítulos veremos cómo lo consiguió Lucifer, el caudillo
de los ángeles rebeldes; por de pronto baste decir que en el período
terrestre, cuando varios planetas estaban diferenciándose para proporcionar
adecuado ambiente de evolución a cada clase de espíritus, los ángeles
obedientes a Jehová comenzaron a actuar con los habitantes de los planetas
que poseen satélites, mientras que Lucifer y sus ángeles tuvieron su
morada en el planeta Marte. El ángel Gabriel representa la tierra la
Jerarquía lunar presidida por Jehová; y el ángel Samael es el embajador de
las marcianas fuerzas de Lucifer. Por lo tanto, Gabriel (el que anunció a
María el nacimiento de Jesús) y sus ángeles lunares son los donantes de la
vida física, mientras Samael y las huestes de Marte son los ángeles de la
Muerte.
Así se origino la contienda en la tenue aurora de aquel día cósmico, y actual
Francmasonería es el intento realizado por los Jerarcas del Fuego, los
espíritus de Lucifer, para proporcionarnos el aprisionado espíritu “Luz” que
nos permita ver y conocer. El catolicismo es una actividad de los Jerarcas
del Agua, y por esto coloca en las puertas de sus templos el agua bendita
para amortiguar a los espíritus anhelosos de luz y conocimiento e
infundirles fe en Jehová.
Así como el equinoccio de primavera ocurre en el primer punto de Aries,
independientemente del lugar que ocurra entre las constelaciones por efecto
de la procesión, así el primer punto de Cáncer es el punto en donde el
átomo- simiente humano llega del mundo invisible y lo toma en sus manos
Jehová, el dios lunar de la generación por medio del embajador el ángel
Gabriel. Es Cáncer el signo cardinal de la Triplicidad ácuea y está
gobernado por la Luna. En este punto se efectúa la Concepción; pero si la
forma estuviese construida únicamente con agua y sus concreciones, no
podría jamás venir a la tierra; y así, cuatro meses más tarde, cuando el feto
llega a la etapa de desenvolvimiento correspondiente al segundo signo de la
triplicidad ácuea, o sea, escorpión, el octavo signo correspondiente a la casa
de la muerte. Samael, el intrépido embajador de los espíritus de Lucifer,
invade los ácueos dominios de la Jerarquía lunar e infunde la ígnea chispa
del espíritu en la inerte forma para fermentarla, avivarla y moldearla en una
expresión de sí misma
Allí el Cordón plateado nacido del átomo-simiente del cuerpo denso(situado
en el corazón) desde la concepción, se suelda con la parte brotada del
vértice central del cuerpo de deseos (localizada en el hígado); y cuando el
Cordón plateado queda atado por átomo-simiente de cuerpo vital(localizado
en el plexo solar) el espíritu muere a la vida en el mundo suprasensible y
anima el cuerpo que ha de usar en la inminente vida terrena. Esta vida
terrena dura hasta que se han realizado todos los acontecimientos predichos
en el horóscopo o rueda de la vida; y cuando el espíritu retorna al reino de
Samael, el ángel de la muerte, a la mística octava casa, se suelta el cordón
de plata, y el espíritu vuelve a Dios que se la dio, hasta que la aurora de
otro día de vida en la escuela de la tierra le incita al renacimiento para
acrecentar su habilidad en las artes y oficios de construcción del templo.
Unos cinco meses después de la avivación del feto, ya transpuesto el signo
de Piscis, último de los ácueos, Samael, el representante de los espíritus de
Lucifer, enfoca las fuerzas del ígneo signo de Aries, donde Marte está
positivamente polarizado, de modo que por impulso de su dinámica energía
se vacían las aguas de la matriz, y el aprisionado espíritu queda libre en el
mundo físico para pelear las batallas de la vida. Puede ciegamente
embestir de cabeza contra las fuerzas cósmicas representadas por el primer
signo ígneo Aries o el Carnero, que simboliza la fuerza bruta con que las
razas primitivas tratan los problemas de la vida; o bien puede adoptar el
más moderno método de la astucia, como un medio de dominar a los demás,
característica indicada por el segundo signo ígneo, Leo o el León, rey de los
animales; o también puede sobreponerse a la naturaleza animal y apuntar a
las estrellas con el arco de las aspiraciones espirituales, simbolizado por
Sagitario, o el Centauro, el último signo ígneo. El Centauro está
inmediatamente después del signo ácueo de Escorpión, para dar a entender
que todo el que anhele alcanzar aquella última etapa y afirmar su divino
derecho de elección y su prerrogativa como Fran Masón o hijo del fuego y
de la luz, habrá de sentir seguramente en sus talones la picadura del
escorpión que como acicate le hará apresurar el paso por el sendero que
conduce a los hombres a “ser prudentes como serpientes”. De Esta clase se
nutre la mística masonería con hombres que tienen el indomable valor de
osar, la inquebrantable energía de hacer y la diplomática discreción de
callar.

del libro "La Masonería y el Catolicismo" y "Cartas Rosacruces", de Max Heindel

LA LEYENDA MASONICA


CAPITULO II

LA LEYENDA MASONICA

Toda evolución mística tiene su leyenda, que nos relata en simbólico
lenguaje su relativa posición en el orden cósmico y el ideal que trata de
realizar.
El Antiguo Testamento, que contiene la enseñanza del misterio atlante, nos
dice que en principio el ser humano fue creado macho-hembra, bisexual, y
cada individuo, era capaz de propagar la especie sin la cooperación de otro
individuo, como todavía sucede hoy con muchas plantas. Más tarde según
se nos informa, Jehová separó un polo de la energía creadora de Adám,
símbolo de la primitiva humanidad, de lo que resultaron los dos sexos.
La enseñanza esotérica complementa esta información y afirma que la
finalidad de dicha mudanza fue utilizar un polo de energía creadora en la
construcción de un cerebro y una laringe por medio de los cuales pudiera el
linaje humano adquirir conocimiento y expresarse en palabras. La íntima
relación entre el cerebro, la laringe y los genitales es evidente para quien
quiera que someramente observe sus funciones. El cambio de la voz del
niño al llegar a la pubertad, las balbucientes palabras de los mentalmente
anormales y muchos otros fenómenos que podríamos citar, demuestran
dicha afirmación.
Según la Biblia, les estaba prohibido a nuestros primeros padres comer del
fruto del Árbol del Conocimiento; pero Eva, seducida por la serpiente,
comió del fruto y después indujo al hombre a seguir su ejemplo. De algunos
pasajes de la Biblia cabe inferir quienes eran las serpientes y cual el árbol
del conocimiento. Por ejemplo, Cristo exhortó a sus discípulos a que fueran
“prudentes como serpientes y cándidos como palomas”. En la llamada
maldición que Jehová fulminó contra Eva después de su culpa, se dice que
pariría sus hijos con dolor y la raza humana quedaría sujeta a la muerte.
Siempre tropezaron los comentadores de la Biblia con la dificultad de
descubrir la relación que pueda haber entre el comerse una manzana, el
parto doloroso y la muerte; pero cuando nos familiarizamos con los castos
eufemismos de la Biblia que designa el acto procreador con expresiones
tales como: “Adán conoció a Eva, la cual concibió y parió a Caín”; Adán
conoció a Eva, la cual concibió y parió a Abel”; “¿Cómo será esto?, Porque
no conocí Varón”, etc., resulta evidente que árbol del conocimiento es una
simbólica expresión del acto procreador. Así vemos que las serpientes
enseñaron a Eva como efectuar el acto procreador, y que Eva instruyó a
Adán. Por lo tanto, Cristo, aún reconociendo la sabiduría de las serpientes,
las consideró dañinas. Para identificar las serpientes es necesario recurrir a
las enseñanzas esotéricas, que las señala como marcianos espíritus de
Lucifer, gobernadores del serpentino signo Escorpión. Sus iniciados, aún
en época posterior como la de las dinastías egipcias, llevaban en la frente el
Uraeus o serpiente simbólica, en señal de la fuente u origen de su sabiduría.
A consecuencia del subrepticio uso del poder creador, cesó la humanidad de
ser etérea y se concretó en las vestiduras de la piel o cuerpo físico que
oculta a su vista los dioses que moran en los reinos invisibles. Muchos les
afligió esta pérdida.
La generación había sido originariamente establecida por los ángeles fieles
a Jehová. Se efectuaba entonces en grandiosos templos favorecida por
propicias condiciones planetarias, y el parto era indolente, como todavía lo
es hoy en los animales silvestres que no abusan de la unción creadora para
halago de la sensualidad.
La degeneración resultó del ignorante y subrepticio abuso iniciado por los
espíritus de Lucifer.
La regeneración ha de tener por objeto restituir al hombre a su perdido
estado de ser espiritual y librarlo del cuerpo mortal donde está ahora
enquistado. La muerte ha de transmutarse en inmortalidad.
Para lograr este objeto, se estipuló un pacto con la humanidad al expulsarla
del Edén y que peregrinará por los páramos del mundo. De conformidad
con este pacto, fue construido un Tabernáculo se colocó un arca simbólica
del espíritu humano. Nunca se desarmaba el arca, para denotar que el
hombrees un peregrino en la tierra y no puede descansar hasta que llegue a
su meta. Dentro del arca había un vaso con maná caído del cielo, símbolo
del hombre caído de su espiritual estado, y las tablas de la ley divina que el
hombre había de aprender durante su peregrinación por el desierto de la
materia. También contenía esta simbólica arca una vara mágica, llamada
vara de Aarón, emblema del espiritual poder latente en todo ser humano
que navega hacia el puerto de descanso o místico templo de Salomón.
El antiguo Testamento también nos dice como la humanidad fue
milagrosamente guiada y protegida, y cómo después de guerrear en el
mundo disfrutó de paz y prosperidad bajo el rey Salomón. En resumen,
despojado el relato de todos sus adornos retóricos, nos refiere los hechos
más notables del descenso del hombre del cielo, sus principales
metamorfosis, su transgresión de las leyes de Jehová, como lo guió Jehová
en el pasado y lo guiará en el porvenir hasta que alcance el reino de los
cielos, la tierra de paz, y de nuevo obedezca dócilmente los mandatos del
divino gobernador. La leyenda masónica tiene puntos de coincidencia y de
discrepancia respecto del relato bíblico. La leyenda masónica dice que
Jehová creó a Eva, que el luciferario espíritu Samael se ayuntó con ella,
pero que fue expulsado por Jehová, quien lo separó de ella antes del
nacimiento de su hijo Caín, al que por esto se le llamó hijo de la viuda.
Después Jehová creó a Adán para que fuera el marido de Eva, de cuya
unión nació Abel. Así desde un principio hubo dos linajes de gente en el
mundo. Los engendrados por el luciferario espíritu de Samael y
participantes de una semidivina naturaleza empapada de la dinámica
energía marciana, que heredaron de su divino ascendiente, son agresivos,
progresivos, dotados de grande iniciativa, pero rebeldes a todo freno de
autoridad, tanto divina como humana. Este linaje de seres aborrece el
aceptar nada por la sola fe, y propende a demostrarlo todo a la luz de la
razón. Creen por las obras y no por la fe, y con su indomable valor e
inextinguible energía han trasmutado la aridez de los desiertos del mundo
en un jardín henchido de vida y belleza y tan ameno, que los hijos de Caín
han olvidado el jardín del de Dios, el reino de los cielos desde donde los
expulso el lunar dios Jehová, contra el que están constantemente en
rebelión, porque los ató con el remolcador cordón umbilical. Han perdido
la visión espiritual y están aprisionados en el cuerpo en cuya frente se dice
que fue señalado Caín. Han de vagar como hijos pródigos en la relativa
oscuridad del mundo material, olvidados de su alto y noble estado, hasta
que encuentren la puerta del templo y soliciten recibir la Luz. Entonces,
como francmasones o hijos de la luz, aprenderán los métodos de edificar
un nuevo templo sin golpeteo de martillo, y cuando hayan aprendido podrán
viajar por países extranjeros, para perfeccionarse en el arte. Significa esto
que cuando el espíritu advierte que se halla lejos de su celestial morada; que
es un pródigo que se alimenta de los insatisfactorios desperdicios del
mundo material; que separado de su Padre está pobre, desnudo y ciego;
cuando llama a la puerta de un templo místico como el de los Rosacruces y
pide luz; cuando recibes las deseadas instrucciones después de aprobado por
haber construido un cuerpo etéreo para el alma, un templo o casa eterna en
los cielos, no con fábrica de manos ni con son de martillo, cuando esta casa
cubre su desnudez, entonces el neófito recibe la palabra, el ábrete sésamo
de los mundos interiores y aprende a viajar por los extranjeros países de los
mundos invisibles. De allí se remonta el alma a las celestes regiones y se
capacita para llegar a grados superiores bajo la más directa instrucción del
Gran Arquitecto del Universo, que construyó los cielos y la tierra. Tal es
el temperamento de los hijos de la viuda, heredado de su divino progenitor
Samael e infundido por él en Caín. El pasado de los hijos de la viuda es una
lucha contra las adversas condiciones y su hazaña es la victoria conseguida
contra todas las fuerzas hostiles por el indomable valor y persistente
esfuerzo que no lograron debilitar las temporáneas derrotas.
Por otra parte, mientras Caín, guiado por divina ambición, cultivaba el suelo
para medrarán dos briznas de hierba donde sólo crecía una, Abel, la
progenie humana de padres humanos, no experimentaba inquietud ni
excitación alguna, pues era una criatura de Jehová por mediación de Adán y
Eva, y se contentaba con apacentar los rebaños, también creados por Dios,
y de ellos mantenerse y multiplicarlos sin trabajo ni iniciativa por su parte.
Esta dócil actitud placía sumamente al Dios Jehová,| que era en extremo
celoso de sus prerrogativas como Creador. Así es que aceptaba
cordialmente las ofrendas de Abel, obtenidas sin esfuerzo ni iniciativa, y
desdeñaba las ofrendas de Caín, porque procedían de su propio instinto
creador, semejante al de Jehová. Entonces Caín mató a Abel; más no por
ello exterminó a las dóciles criaturas de Jehová, porque dice el texto bíblico
que Adán conoció a Eva, que parió a Seth, el cual tenía las mismas
características de Abel y las trasmitió a sus descendientes, quienes hasta el
día de hoy continúan esperándolo todo del Señor y viven por la fe y no por
las obras.
Por ardua y enérgica aplicación al trabajo del mundo, los hijos de Caín
habían adquirido mundanal sabiduría y temporal poder. Habían sido
próceres de la industria y maestros en el arte de gobernar, mientras que los
hijos de Seth, tomando al Señor por guía, llegaron a ser conducto o canal de
la sabiduría divina y constituyeron el sacerdocio.
La animosidad entre Caín y Abel se ha perpetuado de generación en
generación entre sus respectivos descendientes. No podía ser de otro modo,
porque los hijos de Caín, como gobernantes temporales, aspiraban a realizar
a realizar a la humanidad el bienestar físico por medio de la conquista del
mundo material, mientras que los sacerdotes, en su papel de guías
espirituales, excitaban a las gentes al abandono del malvado mundo, del
valle de lágrimas y buscar consuelo en Dios.
Los hijos de Caín aspiran a formar operarios hábiles en el manejo de las
herramientas con que puedan obtener sustento de la tierra de maldita por su
divino adversario Jehová.
Los hijos de Seth producen maestros de la magia, hábiles en el uso de la
lengua para invocaciones, y con el uso de la lengua obtienen de los
trabajadores el sustento, y por ellos ruegan aquí en la tierra y después en el
cielo.
Respecto al porvenir que aguardan a los hijos de Caín y sus adictos, es
también elocuentísima la leyenda del templo. Dice, que de Caín
descendieron Methusael, inventor de la escritura; Tubal-Caín, hábil artífice
en metales; y Jubal, inventor de la música. Así tenemos que los hijos de
Caín fueron los inventores de las artes e industrias. Por lo tanto, cuando
Jehová escogió a Salomón, vástago de la raza de Seth, para que edificase
una casa en su honor, la sublime espiritualidad de una dilatada estirpe de
descendientes divinamente guiados, floreció en el proyecto del magnifico
templo llamado Templo de Salomón, aunque Salomón sólo fue instrumento
para llevar a cabo el divino plan revelado por Jehová a David. Pero
Salomón era incapaz de dar forma concreta y material al proyecto, y así
necesitó el auxilio de Hiram, rey de Tiro y descendiente de Caín, quien
escogió a Hiram Abiff, el hijo de la viuda (según se llaman todos los
francmasones a causa de la relación de su divino progenitor con Eva), por
jefe de los operarios, pues en él se compendiaban y florecían las artes e
industrias de cuanto hijos de Caín le habían precedido. Aventajaba a todos
en habilidad de obra mundana, sin la cual el plan de Jehová hubiera sido
siempre un divino sueño sin jamás concretarse en realidad. El mundano
ingenio de los hijos de Caín era tan necesario para la construcción de este
templo como el espiritual proyecto de los hijos de Seth; y por lo tanto,
durante el período de construcción, ambos linajes mancomunaron sus
fuerzas, encubriendo bajo superficial capa de amistad su íntima hostilidad.
Fue el primer intento de unión entre ellos, y si se hubiese realizado, de
cierto cambiara desde entonces de muy material manera la historia del
mundo.
Los hijos de Caín, como descendientes del ígneo Lucifer, eran muy diestro
en el uso del fuego, y por medio de este elemento convirtieron en altares,
vasos sagrados y jofainas los metales atesorados por Salomón y sus
antecesores. Bajo la dirección de Hiram Abiff se construyeron columnas y
los arcos sobre ellas. El grandioso edificio estaba ya casi terminado,
cuando dispuso que se fundiera el “mar de bronce”, que había de ser el
coronamiento y obra maestra de su labor. En la construcción de esta magna
obra se manifestó la traición de los hijos de Seth y frustró el divino plan de
reconciliación. Trataron de apagar el fuego empleado por Irma, con su
natural arma el agua, y por poco lo consiguen.
Los incidentes que provocaron esta catástrofe, su significado y
consecuencias se relatarán en el siguiente capítulo.

del libro "La Masonería y el Catolicismo" y "Cartas Rosacruces", de Max Heindel